La adolescencia es una etapa de vida complicada. Con muchas cosas buenas, diversión, descontrol y momentos para el recuerdo. Pero también con sus cosas menos buenas o negativas, como el desbarajuste mental, hormonal y emocional por el que hay que pasar. Un momento vital en el que la salud mental cobra gran relevancia debido a todo aquello que se escapa en este momento tan especial de la vida.
Afortunadamente, en la actualidad, los adolescentes que atraviesen un mal momento pueden encontrar ayuda para mejorar su salud mental en la psicología. Algo ahora tan sencillo y accesible era en otros tiempos un tabú y algo de lo que no se podía hablar abiertamente. Los que iban al psicólogo guardaban su secreto. A día de hoy, la psicología para adolescentes está presente y no solo interviene en las situaciones de conflicto, sino que lo hace a la hora de promover la prevención y el fortalecimiento de las habilidades socioemocionales. Para lo que se vale de espacios terapéuticos, talleres o intervenciones escolares con los que se pretende ayudar a los jóvenes a que aprendan a gestionar sus emociones, mejoren su autoestima y desarrollen los recursos personales necesarios a la hora de afrontar los retos que supone la adolescencia. Todo ello de manera saludable y consciente.
En esta etapa de la vida se sienten cambios a nivel físico, cognitivo, emocional, social… Se trata del momento en el que la personalidad se va marcando y se empieza a utilizar todo el potencial de razonamiento, por lo que supone una etapa que, a nivel psicológico, tiene sus propias características y reglas. A partir de ellas, se puede entender, trabajar e intervenir para que los jóvenes alcancen el óptimo desarrollo, de la mano de la psicología destinada a los adolescentes.
Adolescencia en estado puro
Todos pasamos por esa etapa. Nadie se libra, por lo que la mayoría de los adultos sabemos y reconocemos que el mundo psicológico y emocional de los adolescentes es apasionante: incertidumbre, experimentación, descubrimiento, sensaciones incontrolables… El amplio conjunto de sensaciones que se experimenta hace que tenga su propia dimensión emocional en pleno desarrollo hasta que se alcanza la edad adulta, aunque no siempre culmina en un desarrollo pleno, como nos recuerda Florencia Poy, que nos señala que a veces lo más importante no es la técnica terapéutica, sino sentir que existe un espacio en donde poder hablar sin juicio, comprender lo que ocurre y comenzar a construir. Algo esencial para los adolescentes.
Dentro de las características psicológicas de los adolescentes, podemos detallar las siguientes:
- El adolescente se centra en sí mismo, sintiéndose el centro del mundo, independiente de sus padres y del resto de la sociedad.
- Búsqueda de la identidad. Necesita sentir que es único y diferente, con identidad propia, inalienable e intransferible.
- Necesidad de intimidad. Ya no es un niño y necesita su espacio físico, emocional y sentir su interior como algo suyo e inaccesible para el exterior.
- Incomprensión. Se siente incomprendido y siente que nadie entiende su interior, lo que siente y vive.
- Una conducta que preocupa a los padres, ya que los adolescentes se sienten perdidos y frustrados en muchas ocasiones, lo que suele culminar en agresividad.
- Deseo sexual. En esta etapa se despierta el deseo debido a las hormonas, se empieza a tener dudas, a experimentar, etc.
Ya sabemos que se trata de una etapa en la que se producen cambios profundos y comportamientos que, a los adultos, que olvidamos esa etapa con facilidad, pueden volver locos. Pero en ocasiones los adolescentes lo están pasando mal a nivel psicológico, lo que afecta a su salud mental de forma negativa.
Durante la adolescencia se producen trastornos propios de esa época y algunos que no son exclusivos de una etapa concreta de la vida. Estos últimos son los que suelen requerir la visita a un profesional de la psicología para adolescentes. Dentro de los trastornos que más afectan a los adolescentes y requieren ayuda, tenemos:
- Depresión. Las malas notas, terminar una relación, discutir con una amiga… son algunas de las causas que pueden llevar a los adolescentes a sentir gran tristeza persistente e incontrolable, derivando en un proceso de depresión.
- Sentirse inseguros, obsesionados por ser aceptados por los demás, querer ser perfeccionistas, buscar la aprobación y el respeto de sus iguales… son conductas que generan señales de ansiedad en los adolescentes.
- Trastornos de la conducta alimentaria (TCA). Los cambios físicos unidos a la necesidad de aceptación por parte de los compañeros y amigos pueden derivar en una obsesión por el peso y la imagen que puede evolucionar a problemas graves de salud como la anorexia, la bulimia y los atracones.
- A los móviles, las tablets, los ordenadores, el alcohol o cualquier tipo de droga. La adicción en la adolescencia nos marca un problema a resolver, no solo por la dependencia, sino también por lo que motiva a llevar ese excesivo consumo.
- Conductas de riesgo. Altercados con las fuerzas del orden, conductas agresivas, comportamiento antisocial… conductas que conllevan un riesgo para el adolescente y las demás personas. Detectarlo y atajarlo a tiempo es imprescindible.
- Acoso escolar o bullying. Ser víctima de la humillación y vejación de los compañeros provoca sentimientos de inferioridad, desconfianza, baja autoestima e ideas de infravaloración que pueden llegar a ideaciones suicidas.
- Problemas escolares. Sentir ansiedad ante los exámenes, falta de motivación o tener dificultades para el aprendizaje pueden implicar el abandono del medio escolar con las consiguientes consecuencias negativas para el desarrollo emocional e intelectual.
- Hacerse cortes no es una llamada de atención; se trata de una forma de regular la ansiedad que siente el adolescente ante lo que vive y siente.
- Problemas de conducta como la impulsividad, la agresividad o la falta de control son comportamientos que implican el gran malestar del adolescente y de los que le rodean.
Seguro que a más de uno le suenan algunas de estas conductas, ya sea por haberlas vivido en primera persona o conocer a quien ha pasado por ellas.
Una buena terapia ayuda a superar esta etapa.
La adolescencia es una etapa muy dura para los adolescentes y para los padres. Los pequeños de la casa dejan de ser los pequeños que acompañan a todas partes para poner todo tipo de trabas a las propuestas que se les hacen. Algunas recomendaciones que los psicólogos proporcionan son la escucha y atención a las señales, la comunicación abierta y clara, poner límites que ayuden a sentir estabilidad, fomentar el afecto, delegar responsabilidades en ellos para que se sientan más seguros en sus decisiones y pedir ayuda cuando sea necesario.
A la hora de trabajar la terapia con adolescentes, los profesionales de la psicología deben tener en cuenta que existen unas directrices a seguir y que son útiles para todas las edades, unidas a otras más específicas para cada etapa vital. La realización de una primera entrevista es fundamental antes de iniciar cualquier tipo de tratamiento terapéutico que se precie, del mismo modo que lo es trabajar el vínculo de acuerdo con el lenguaje, las ideas y el estilo cultural del adolescente para poder trabajar con él.
Llegado el momento, hay que recoger la información necesaria y trabajar aspectos como los que vamos a citar:
- Motivo de la consulta. Se trata del problema que ha hecho que el adolescente acuda a la consulta.
- Historia actual. Se pide la información relativa a la frecuencia, la intensidad y la duración del problema, las posibles causas, el curso que lleva y los tratamientos previos, si los ha habido.
- Funcionamiento del problema. Se investiga lo que precipitó que se produjera el problema, la historia y los antecedentes que pueden estar influyendo en la actualidad. Se analizan el resultado y las consecuencias del comportamiento.
- Plan de acción mediante el que se establece una idea de lo que está pasando y se detalla un plan de acción con el que el adolescente modificará su comportamiento para alcanzar el objetivo establecido.
- Reajustes del plan. A lo largo de todo el proceso se van haciendo rectificaciones en el plan de acción para alcanzar el objetivo.
- Una vez resuelto el problema o deje de ser problemático por su baja intensidad o frecuencia, se procede a dar el alta terapéutica.
Este trabajo conlleva una serie de beneficios en los pacientes que realizan la terapia psicológica adecuada. De manera que se observa una disminución de los conflictos en el seno familiar y en el colegio. Se potencia el desarrollo emocional, personal y social del adolescente. El adolescente adquiere herramientas para poder tomar mejores decisiones en la vida. Se produce un aumento de la autoestima y la confianza en sí mismos y sus propias capacidades y habilidades, además de aprender a realizar una autogestión eficaz de los problemas emocionales.
De manera que aquellos que, como padres o como adolescentes, tienen la sensación de que la ayuda para gestionar bien esta complicada etapa de la vida es necesaria, no hay que dudar en contactar con los terapeutas adolescentes especializados, capacitados para ayudar a que esta etapa de la vida se convierta en una etapa más llevadera para todos.


