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La abstinencia sexual afecta a la salud mental.

Abstinencia sexual y emocional.

El sexo es salud. No es una frase hecha, sino una realidad. Una vida sexual insatisfactoria puede generar desequilibrios físicos y, sobre todo, mentales. Vamos a ver cómo se dan y porque aparecen.

Varios psiquiatras coinciden en señalar que existe una relación bidireccional entre la abstinencia sexual y la depresión. Los enfermos de depresión suelen presentar una fuerte inapetencia sexual, mientras que una vida sexual insatisfactoria puede ser un factor que acelere el desarrollo de un trastorno depresivo.

La sexóloga barcelonesa Emma Ribas, miembro de la “Societat Catalana de Sexología” y especialista en psicología coach avalada por el Col·legi de Psicòlegs de Catalunya, señala que los trastornos que podemos sufrir en el ámbito sexual a lo largo de nuestra vida pueden desencadenar situaciones de estrés, ansiedad, depresión y afectar las relaciones que establecemos con los demás.

El ser humano es el único animal de la tierra que no asocia el sexo exclusivamente a la reproducción. Por tanto, el sexo alcanza una dimensión distinta.

En su día, Freud estableció que el hombre se movía, entre otras cosas, por pulsiones de placer y displacer. El displacer es disfuncional. Crea en el hombre un nivel de excitación nerviosa que le puede llevar a alterar determinadas funciones vitales y en su desarrollo, a padecer situaciones de ansiedad. El displacer prolongado en el tiempo genera apatía, frustración y desencanto vital.

Por otro lado, el placer calma la excitación nerviosa. Nos hace sentirnos bien. La situación natural del hombre, como especie, es la búsqueda del placer. Algo que está relacionada con la búsqueda de la felicidad. Es decir, la realización de actividades que nos llenan internamente y nos dan satisfacción. En el ámbito del placer, Sigmund Freud, incluía el sexo.

Hay que tener en cuenta que Freud entendía el sexo en un sentido amplio, sin reducirlo al mero acto sexual. Dentro de las manifestaciones sexuales incluía los abrazos, las caricias, las muestras de cariño e, incluso, las conversaciones estimulantes intelectualmente.

Lo cierto es que lo veamos como lo veamos, una vida sexual nula o insatisfactoria tiene repercusiones sobre nuestro ser.

Efectos de la abstinencia sexual sobre la salud.

La sexóloga Carmen Bermejo indica en el periódico eldiario.es que la abstinencia sexual tiene una serie de efectos colaterales sobre la salud y la estabilidad emocional de las personas, sobre todo cuando esta abstinencia es involuntaria; es decir, que viene motivada por causas sobrevenidas que no controlamos o que son ajenas a nuestra voluntad. Estas son las consecuencias más destacadas:

  • Aumento del estrés y la ansiedad.

El sexo, entre otras cosas, es un canal de evacuación de tensiones que acumulamos en nuestra vida diaria. Al no poder descargarlas, estas tensiones se acumulan en nuestro cuerpo produciendo un exceso de nerviosismo. Tenemos una serie de necesidades fisiológicas que, al no poder cubrirlas, nos causan ansiedad.

Durante las relaciones sexuales, el cerebro libera endorfinas y oxitocina, unas hormonas que producen un efecto analgésico y una sensación de bienestar en el organismo. No practicar sexo favorece que otras tensiones o preocupaciones se vayan arraigando en nuestra mente.

  • Induce problemas de autoestima.

La ausencia de sexo tiene un efecto psicológico sobre la forma en la que nos vemos a nosotros mismos y la relación que establecemos con los demás, en especial, con los seres queridos.

Si, por cualquier razón, atravesamos una temporada en la que no practicamos sexo con nuestra pareja, tendemos a pensar que hemos dejado de ser atractivos para la otra persona o que nos ha dejado de querer. Lo cual tiene consecuencias negativas en nuestra autoestima. Esto se debe a que, en muchas ocasiones, las personas somos demasiado autoexigentes y buscamos las causas de los problemas en nosotros mismos, sin analizar con objetividad el entorno.

  • Disminución de la producción de neuronas nuevas.

Un artículo médico publicado en la revista estadounidense “National Library of Medicine” afirma que la práctica regular de sexo entre individuos adultos estimula la neurogénesis y restaura la función cognitiva.

A lo largo de toda nuestra vida el cerebro va fabricando neuronas nuevas que remplazan las que se han muerto. No es un fenómeno que se da solo durante la infancia. Por eso, la práctica del sexo tiene efectos terapéuticos que retrasan la aparición y desarrollo de enfermedades neuronales como el alzhéimer y la demencia senil.

  • Disfunción eréctil en los hombres.

Cuando más espaciadas en el tiempo sean las eyaculaciones en los hombres, bien sea por relaciones sexuales con otras personas o por la práctica de la masturbación, más posibilidad existe de que se desarrolle la impotencia.

Un estudio realizado en Inglaterra en el año 2016, sobre un seguimiento de 32.000 varones, se apreció que los hombres que no practicaban sexo o lo hacían de manera esporádica presentaban un mayor riesgo de padecer cáncer de próstata.

  • Atrofia vaginal en las mujeres.

Por otro lado, la falta de relaciones sexuales en las mujeres origina que los músculos de la vagina se atrofien. Los efectos de este trastorno es una sequedad, dolor y picor cuando se intenta mantener relaciones sexuales y una pérdida de orina recurrente; así como una necesidad de ir a orinar con frecuencia, generando una sensación de ardor al expulsar el orín.

  • Apatía sexual.

La represión de nuestros instintos sexuales va generando progresivamente una pérdida de lívido y de apetencia sexual. Es como si la persona ya se hubiera hecho a la idea de que no va a practicar sexo y pierde todo interés por el tema, haciendo que algunos de los efectos secundarios que hemos descrito vayan cogiendo fuerza.

Las causas de la pérdida del apetito sexual.

La inapetencia sexual tiene diferentes manifestaciones. Hay personas que han perdido todo interés por el sexo de forma definitiva, otras que pasan por esta situación de apatía durante un periodo determinado de tiempo y personas que no desean practicar sexo con sus parejas, pero se sienten atraídos por otras personas.

En cualquiera de estos casos, la revista digital Cuídate Plus señala que la falta de deseo sexual se debe a factores físicos o psicológicos.

En cuanto a los factores físicos, cabe destacar el consumo de determinadas sustancias, ya sean medicamentos o sustancias psicotrópicas. Se sabe, por ejemplo, que los adictos a la heroína, llega un momento en el que pierden cualquier interés por el sexo. La droga funciona como un desinhibidor del apetito sexual.

Cuando existía el Servicio Militar Obligatorio, la Mili, corría el rumor de que en los cuarteles se les suministraba bromuro a los reclutas, sin que ellos lo supieran, para eliminar el ímpetu sexual entre los jóvenes.

Determinadas enfermedades crónicas y metabólicas, así como alteraciones hormonales y problemas neuroendocrinos hacen que el enfermo pierda cualquier interés por el sexo.

En cuanto a los factores psicológicos, estos son múltiples y variados. Unas de las razones más habituales de inapetencia sexual son el estrés y el cansancio físico. Una persona agotada física o mentalmente, o sometida a un alto nivel de presión, puede perder el interés por tener relaciones sexuales.

Otra de las razones habituales, sobre todo entre las parejas, es la monotonía y el aburrimiento. Realizar siempre las mismas posturas o practicar el sexo por inercia siempre el mismo día de la semana, pueden hacer que la pareja o uno de los dos termine por cansarse.

El sexo, aunque no le demos demasiada importancia, tiene un componente emocional. Si no nos sentimos bien tratados por nuestra pareja o pensamos que no nos presta atención en otros ámbitos de nuestra vida, es lógico que no nos apetezca mantener relaciones sexuales con ella. Incluso que llegue un momento en que dejemos de considerarla atractiva.

Cómo resolver el problema.

Parece que la solución es de cajón, pero en ocasiones no es tan sencilla. Si la inapetencia sexual se da en el seno de una pareja y ambos quieren seguir estando juntos, el problema pasa a ser de los dos.

En estos casos la comunicación sincera y profunda es fundamental. Es importante que cada uno de los miembros de la pareja exprese sus sentimientos y preocupaciones con naturalidad. Eliminando de nuestra mente cualquier intención de prejuzgar al otro. Es importante practicar la empatía. Colocarnos en la piel de nuestra pareja y esforzarnos por encontrar espacios comunes, por volver a reencontrarnos.

Muchas veces hay que echar mano de la imaginación. Intentar sorprender al otro. Realizar actividades nuevas. Parece complicado, pero no lo es. Cuando una pareja comienza, esta actitud sale natural, no nos cuesta nada darle rienda suelta.

Si la inapetencia se ha instaurado, es probable que haya que armarse de paciencia. Buscar nuevos caminos para expresar nuestra sexualidad. Abandonar nuestra zona de confort y hacer ensayos de prueba y error hasta que logremos volver a encender la llama del deseo.

Buscar ayuda profesional es una decisión bastante acertada. Estamos inmersos en nuestros problemas hasta tal punto que no vemos la forma de solucionarlos.

El sexo es una parte importante de nuestra vida. Cuando nuestra vida sexual se ve truncada debemos ver cómo solucionarlo. Nos hará sentirnos mejor y mejorará nuestra salud física y mental.

 

 

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