Cuándo y por qué es necesaria la endodoncia

Acudir al dentista ya no es lo que era. Afortunadamente. Los tratamientos, antes molestos y dolorosos, causaban pavor a los pacientes que solo acudían a la consulta del dentista cuando el dolor era insoportable. Por lo general se trataban las caries realizando empastes o se sacaban las muelas con las consiguientes molestias. Los más jóvenes acudían para ponerse los indeseables aparatos correctores y el trauma siempre estaba presente.

Nada que ver con las experiencias actuales. Los tratamientos son indoloros gracias a la anestesia, y los nuevos procedimientos; y llevar aparato puede resultar algo innovador. En cualquier caso, los avances en el campo de la odontología han logrado que sentarse en la silla del dentista sea cada vez más fácil para los pacientes.

Uno de los tratamientos que más se realizan es la endodoncia, comúnmente conocida como “matar el nervio”. Por lo general desconocemos en qué consiste este tratamiento en particular, al menos en profundidad, por lo que vamos a aprovechar este artículo para conocer en qué casos es necesario realizarlo y por qué se lleva a cabo.

Cuando el profesional de la odontología señala la necesidad de realizar una endodoncia, es muy común que el paciente sienta inquietud, aunque al mismo tiempo tranquilidad. Esto se debe a que el tratamiento impone, pero gracias a él es posible conservar el diente natural, sin necesidad de realizar una extracción y colocar una prótesis.

En pocas palabras, el tratamiento de endodoncia consiste en un tratamiento avanzado que tiene como objetivo salvar la pieza dental que ha sufrido daños severos en la pulpa dental, es decir, el tejido blando que existe en cada diente. Con este procedimiento, se elimina la infección, desaparece el dolor que genera y se evita la extracción del diente.

Matar el nervio

A diferencia de otro tipo de tratamientos odontológicos centrados en los dientes, la endodoncia se centra en la raíz y la pulpa dental. Cuando existe una caries profunda, se produce un traumatismo o una infección que alcanza el nervio; el dolor que genera puede resultar difícil de soportar, como bien sabemos la mayoría, y nos recuerdan los profesionales de DentiStudio, en el que ofrecen la mejor calidad en cada uno de sus tratamientos. En los casos citados, el riesgo de perder el diente es mayor, por lo que realizar una endodoncia permite preservar la funcionalidad de la pieza y conservar la estética dental.

Hacer una endodoncia a tiempo puede marcar la diferencia entre poder mantener el diente afectado o tener que pasar por una extracción y, posteriormente, un tratamiento de implantología. La tecnología y los materiales han avanzado de forma significativa, lo que hace posible que este tratamiento sea más preciso, seguro y cómodo para los pacientes que se someten a él.

Por lo que podemos determinar que la endodoncia es el procedimiento odontológico mediante el que se elimina el tejido pulpar dañado o infectado presente en el interior del diente, se procede a una cuidadosa desinfección del conducto radicular y se sella de forma hermética evitando las futuras infecciones. Este tratamiento se lleva a cabo utilizando anestesia local, por lo que el paciente no siente ningún tipo de dolor mientras se realiza. Los días posteriores es posible que se produzcan algunas molestias leves, pero nada comparable al dolor que produce el nervio afectado.

Es bastante frecuente que los pacientes confundan la endodoncia con otros tratamientos como empastes o reconstrucciones, aunque las diferencias entre ellos son notables. Tanto el empaste como la reconstrucción se realizan sobre la parte externa del diente, mientras que la endodoncia se hace en el interior.

Una de las razones principales para tener que someterse a este tratamiento es la presencia de infección o un daño irreversible que afecta a la pulpa dental. Cuando una caries avanza hacia el nervio sin ser tratada como es debido, las bacterias alcanzan la pulpa dental provocando dolor, inflamación e incluso abscesos. Puede ser necesario realizar una endodoncia cuando se produce un traumatismo, una fractura dental profunda o tras haber pasado por un tratamiento con el que no se ha solucionado el problema.

No intervenir el nervio a tiempo puede desembocar en consecuencias de mayor gravedad como una infección que se extiende hasta el hueso o afecta a otras piezas dentales. En algunos casos puede llegar a verse comprometida la salud general del paciente.

Determinar en qué momento concreto es necesario que se practique una endodoncia es esencial para poder mantener el diente y poder evitar las complicaciones que puedan surgir. Aunque lo más frecuente es que los pacientes acudan al dentista cuando los síntomas son avanzados, el dolor es de gran intensidad o existe una infección visible, existen señales de que puede ser necesario recurrir a una endodoncia. Sentir molestias persistentes, sensibilidad extrema o tras sufrir un golpe en un diente son indicativos de la necesidad de acudir al dentista. Ignorar este tipo de síntomas puede conllevar la pérdida del diente y la necesidad de recurrir a tratamientos de mayor complejidad.

Principales causas que requieren endodoncia

Por lo general, las causas que hacen necesario recurrir a un tratamiento de endodoncia son bastante conocidas. Las caries profundas que tocan la pulpa dental, las fracturas o traumatismos que dejen expuesto al nervio, las infecciones recurrentes en el mismo diente, tratamientos previos que no resuelven el problema o lesiones a consecuencia del bruxismo o un desgaste dental excesivo. Cada caso y paciente es único, por lo que es fundamental realizar un buen diagnóstico previo para determinar si la endodoncia es el tratamiento adecuado puesto que elimina el dolor, permite que se mantenga la pieza dental, la función masticatoria y, por supuesto, la sonrisa natural.

Necesitar una endodoncia suele asociarse a enfermedades como la pulpitis, la necrosis pulpar o los abscesos periapicales. Este tipo de patologías pueden llegar a producirse de manera silenciosa, sin provocar síntomas evidentes en sus primeras fases, lo que hace que el riesgo de complicaciones aumente.

Por otro lado, existen factores de riesgo con los que puede verse acelerado el deterioro de la pulpa dental, como puede ser una mala higiene bucodental, un exceso en el consumo de azúcares, el tabaquismo o enfermedades como la diabetes.

Este tipo de infecciones dentales pueden tener consecuencias más allá de la cavidad oral en el supuesto de no ser tratadas a tiempo. Las bacterias presentes en la boca pueden diseminarse a través del torrente sanguíneo, pudiendo afectar a los órganos vitales y provocar complicaciones graves, sobre todo en el caso de personas que padecen enfermedades crónicas o cuentan con un sistema inmune debilitado.

Evidentemente, reconocer los síntomas a tiempo determina la pérdida o mantenimiento del diente afectado. Por lo que vamos a señalar los síntomas más frecuentes a los que prestar atención, ya que pueden indicar que es necesario recurrir a una endodoncia:

  • Dolor dental intenso y persistente, sobre todo al masticar o ejercer presión sobre el diente.
  • Sensibilidad prolongada al frío o al calor, incluso cuando se ha retirado el estímulo.
  • Inflamación o enrojecimiento de las encías alrededor del diente afectado.
  • Cambio de color en el diente que se puede volver oscuro o grisáceo.
  • Presencia de abscesos, fístulas o pequeñas burbujas de pus en la encía.
  • Mal aliento persistente o sabor desagradable en la boca.

Señalar que no en todos los casos se presentan todos los síntomas y que, en determinadas ocasiones, la infección avanza de manera silenciosa, por lo que es fundamental acudir al dentista ante la aparición de cualquier tipo de molestia o cambio que se produzca en la boca.

Para saber si es o no necesario realizar un tratamiento de endodoncia, es fundamental realizar un diagnóstico preciso. La combinación de experiencia del profesional con los mejores avances tecnológicos proporciona una valoración tan rigurosa como personalizada al paciente. Dentro del proceso de diagnóstico se lleva a cabo una exploración clínica detallada, revisando la cavidad oral, las encías y los dientes. Se realizan pruebas de sensibilidad aplicando estímulos térmicos y eléctricos para poder evaluar la respuesta del nervio. Hacer una radiografía digital permite visualizar el estado real de la raíz, el hueso y detectar las infecciones ocultas. Por último, se efectúa una evaluación del historial médico y dental del paciente.

Con la combinación de estas pruebas se puede diferenciar entre un dolor reversible a tratar con un empaste o una lesión irreversible que requiere la realización de un tratamiento de endodoncia.

Posponer la visita al dentista por miedo, falta de tiempo o desconocimiento es un error. Retrasar el diagnóstico solo puede agravar el problema y hacer que un tratamiento sencillo se convierta en una intervención de mayor complejidad, mayor coste y mayores molestias.

Para los que se pregunten cómo se puede evitar la endodoncia, la respuesta es simple: cuidar la salud bucodental a diario. Cepillar los dientes dos veces al día, utilizar el hilo dental o cepillos interproximales, hacer las correspondientes revisiones, evitar el consumo excesivo de azúcares y proteger los dientes de traumatismos ayuda a prevenir la necesidad de este tratamiento. Aunque existen otros factores como la genética, las enfermedades sistémicas o accidentes, pueden hacer necesario que haya que recurrir a matar el nervio. Lo esencial es actuar a tiempo y evitar males mayores.

 

 

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