La discapacidad no incapacita

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La discapacidad no incapacita

Sufrir algún tipo de discapacidad condiciona de una manera total y absoluta la vida de todo aquel que la padece. No se trata de una vida fácil: no se pueden desempeñar todos los trabajos y las posibilidades de realizar determinadas funciones, desgraciadamente, se ven mermadas. Pero la protección y la garantía de una vida digna no están completamente garantizadas si uno no pelea por ellas.

Por mucho que desde las diferentes administraciones estatales, autonómicas o municipales se haya intentado hacer más fácil la vida de las personas que sufren algún tipo de discapacidad, queda mucho por hacer. Entre otras cosas, la cantidad de documentación que se debe presentar para certificar que efectivamente se padece una incapacidad para trabajar es tremenda y, en algunos casos, demasiada.

Conozco un caso, el de un amigo mío llamado Rubén, un ex albañil que en los últimos años ha sufrido lo indecible. Su historia comienza hace poco más de dos años, momento en el que solía trasladarse todos los días en coche a una obra en la que él y sus compañero estaban trabajando. En uno de esos días, perdió el control del vehículo y chocó contra otro coche, originándose un incendio del que Rubén no salió precisamente ileso.

Las llamas le habían alcanzado gran parte de su cuerpo, incluida la cara. Y esa era solo la parte positiva. La negativa era que Rubén había perdido toda sensibilidad en sus piernas. De cintura para abajo, se acababa de convertir en una persona paralítica. La consternación levantada en torno a su familia, su círculo de amistades y sus compañeros de trabajo fue bestial. Nadie se podía creer lo que había sucedido. La vida de nuestro amigo cambiaría para siempre. Y tenía que estar agradecido: de no haber sido por uno de los conductores que había visto el accidente, que fue quien lo sacó a tiempo del coche, estaríamos hablando de una muerte segura.

Se podría decir que Rubén volvía a nacer aquel día. No obstante, en aquel estado en el que se encontraba no podría trabajar jamás, algo por lo cual tendría que documentar su incapacidad total. Para ello quería recurrir al mejor gabinete de abogados del que le habían hablado, Durán&Durán, a través de una de sus muchas páginas web: www.incapacidadtotal.com Quería obtener una cantidad económica que se ajustara a lo que había cotizado durante su experiencia profesional. Decía que, en cuanto comenzara a cobrarla, lo primero que iba a hacer era someterse a una operación para eliminar las cicatrices y marcas.

Una ayuda impagable

Rubén me contó, un tiempo después de todo aquello, que desde Durán&Durán se habían encargado de todo lo referente a su solicitud de incapacidad total para ejercer cualquier trabajo. Que le habían recomendado que presentase toda la documentación que tuviera en su poder para hacer constatar su incapacidad y poder obtener así una retribución económica justa para vivir de ahí en adelante.

Y lo había conseguido. Después de seguir los consejos de sus abogados, esa retribución ya era un derecho en toda regla del que podía hacer uso. Por fin, después de unos meses en una situación bastante desesperante, Rubén conseguía ver la luz. Una luz que le costó conseguir y que no sería igual de no haber sido por las ayudas y recomendaciones de esos abogados.

En la actualidad, Rubén lleva una vida de lo más digna a pesar de su invalidez. Ha cumplido lo que decía, el someterse a una operación para eliminar algunos rastros que había dejado el fuego sobre su cara. Y lo cierto es que lo ha conseguido con mucho éxito. Siempre que le veo se muestra contento y vivaracho, y en ningún momento ha perdido las ganas de sonreír y, sobre todo, de vivir. La vida le ha concedido una segunda oportunidad.